Humo
Se que un día dije que iba a dejar de fumar, iba a dejar de regalar ese odioso humo contaminante al aire de mi cerebro. Y también dije que iba a mirar al frente, iba a caminar sola, sin una mano, sin un beso, sin un compañero...
No eres una necesidad, no eres como el aire, no eres la lluvia ni el pasto de la plaza esa noche de octubre. No eres las estrellas, sigilosas y tímidas, que nos vieron -me vieron- abrazarnos en el verde macabro de mis recuerdos en columnas grises. No eres ni estás.
¿Que por qué sigo encendiendo muerte? Simple. El humo, con su belleza breve, con su fuego de a minutos, con su muerte encapsulada, me recuerda que hace frío, que tengo frío constante y solitario, que el cielo de Ralco sigue nublado, sigue llorando y pidiendo la fuerza y el odio de 5 días iluminados. Yo estoy, yo sigo caminando a ese edificio que ya no está, yo sigo yendo al puente, yo sigo esperando en el paseo Barros y sus pequeñas luces, sigo mirando una foto que nunca pude quemar. Yo sigo esperando en el terminal, un viernes por la mañana, a que mires un poco atrás y te des cuenta que no estás solo, que aún hay un fantasma violáceo, en un edificio de 8 pisos con ventanas enrejadas que espera y espera y espera y no puede ni quiere olvidar. Ella sigue conspirando con el fuego, sigue acercándose a la lumbre anaranjada que le entrega libertad. Ella sigue caminando bajo la lluvia: "no sufra, no llore", sigue así como la dejaron, sintiendo y estallando en rabia. Sigue así, contigo en la cama.
Y así escribo, con la muerte encendida en mi mano, sabiéndote lejos y en otro pecho, sintiendo las manos tibias al rozar tu rostro que me dibujo todos los días en la espalda: "eres preciosa" te oigo. Verde sublime. Abrazos en la cocina. Besos en la calle. Un chocolate en el bolso que olvidé entregarte cuando subiste a la máquina que alejó al mar de la ruidosa Conce.
Te quiero rebeldía, te entrego al fuego, te llevo en las murallas, te entiendo en una lágrima, te espero en un deseo. Te siento en la lluvia que no descansa.
Se que no volverás nunca, pero siento que estás conmigo.
Y ahora tengo ganas de encender una sentencia bajo el negro manto de tu recuerdo hecho agua.
Etiquetas: extraño


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